El Peregrino Oscuro

Producciones propias · abierto por BloodShadow · 22 de agosto de 2006, 20:55 · 96 lecturas en su día

BloodShadow Partícula · 78 mensajes
Aquí os dejo uno de los relatos más largos que he escrito hasta ahora ^^. Es un trabajo de hace un par de años, originalmente en valenciano y traducido por mi mismo (si alguien quiere la versión en valenciano, que lo diga y me pensaré subirla también. De momento subo esta, que seguro que la entiende cualquier visitante).

El Peregrino Oscuro

Una ligera pero persistente llovizna caía sobre las casas de la ciudad amurallada, y el agua comenzaba a acumularse en los canales que la recogían al caer de los tejados, bastante inclinados para que la nieve resbalase en invierno. Entonces un extraño individuo se acercó a sus puertas. Iba acompañado de un caballo de guerra totalmente negro, ataviado con una pesada barda de este mismo color con remaches rojos, y si no fuera porque le parecía totalmente imposible, el guardia habría jurado que en los ojos también tenía cierta luz rojiza. El hombre iba totalmente envuelto en una túnica marrón muy gastada, con una capucha que apenas dejaba ver la parte inferior de su cara, y desde su posición, y a esas horas de la madrugada, con la escasa luz de la puerta, el guardia solo alcanzaba a distinguir que era un tipo bastante pálido. Cuando estuvo delante de la puerta dio un par de golpes que sonaron metálicos, lo que daba a suponer que llevaba un pesado guantelete metálico, probablemente de acero. El guardia tenía obligación de preguntar a todos los viajeros, así que con una voz fuerte habló desde la torre. – ¿Quién sois, de dónde venís y a dónde vais?- Al oír al guardia, el viajero contesto casi con un susurro, aunque el guardia pudo oírlo como si lo tuviera al lado – Soy el Peregrino Oscuro, vengo de la muerte para acabar con el mundo que conocéis. Me dirijo a la fortaleza de la orden del Filo Sangriento- Ante esta respuesta el guardia esbozó una estúpida sonrisa, ya que la fortaleza del Filo Sangriento hacia más de doscientos años que no existía. Lo tomó por otro profeta loco. Sin embargo, su sonrisa se transformó momentos después en una mueca de terror indescriptible, cuando el Peregrino recorrió de un salto la distancia que separaba el suelo de la torre y atravesó el estomago del guardia con su brazo. La sangre comenzó a escurrirse por el guantelete, formándose un charco en el suelo. Lo último que el guardia pudo ver fueron unos ojos rojos bajo la capucha… la mirada del propio diablo.
 
Tras limpiar el guantelete, el Peregrino bajó de la torre y atravesó las puertas llevando a su caballo de la brida. Se dirigió por las desiertas calles en busca de una posada. Nadie salió a ver quien era, pues la hora superaba la media noche, y los pequeños animales domésticos, como los gatos, se limitaban a huir ante el sonido metálico de los cascos y las pisadas del Peregrino, que resonaban por las calles tras cada paso. Los animales de la noche, tales como murciélagos, ratas, e incluso un lobo el cual era difícil explicar como había llegado allí, en cambio, se acercaban al Peregrino con asombrosa familiaridad, como si esperaran órdenes.
Una vez encontró la posada, dejó el caballo en los establos, susurró algo al lobo y entró a pedir una habitación. – No daré una habitación a alguien tan extraño como tú a menos que me expliques de donde has salido - Gruñó el posadero ante la petición del Peregrino. Este posadero era como cualquier otro tabernero, sucio y rechoncho, con barba de una semana y un aspecto demasiado desagradable como para que comer allí pudiera considerarse sano. – Está bien… os contaré mi historia desde el principio… de todos modos en menos de cinco días todos estaréis muertos - Diciendo esto tomó asiento mientras observaba cada uno de los hombres que había en la posada. Al sentarse se escuchó otro sonido metálico y un crujido en la madera. Esto dio a suponer a los presentes que debía portar bajo las ropas algún tipo de armadura, lo que junto al hecho de dejar apoyado a un lado un enorme mandoble de un metal oscuro, lleno de runas de aspecto maldito y de un tono rojo demasiado brillante para ser natural, hizo que los que lo escuchaban sintieran cierta desconfianza. El Peregrino observó por un momento a los hombres, que estaban ahora sentados a su alrededor esperando oír su historia. El posadero; un par de hombres con ropas marrones y verdes, muy gastadas y con algunas piezas de cuero cosidas en las partes mas expuestas a golpes, con un arco cerca de donde se sentaban y una espada corta en el cinto; otros dos tipos de aspecto extraño, con piezas de armadura desiguales y las ropas manchadas de algo que parecía sangre, los cuales mantenían unas espadas largas cerca de su asiento; y otro hombre de aspecto curtido, embutido en una armadura finamente forjada con remaches dorados y una cruz en la pechera, que mantenía a su lado un pesado martillo de batalla, también muy decorado, pero sin duda devastador en una batalla. El Peregrino se dijo que aquel hombre, probablemente perteneciente a la iglesia, no pasaría la noche bajo el mismo techo que el. Si no se marchaba tendría que acabar con el al finalizar la narración. Tras esta breve reflexión, comenzó su historia:
 
- Mi historia comienza hace cuatro siglos, al principio de la conocida como edad media, en la época en que, aunque vuestros sabios lo nieguen y vuestros estudiosos lo oculten, aún dormían algunos dragones en las montañas, y terribles criaturas malignas, enviadas por Satán, vagaban en los bosques. Todo empezó, como la mayoría de estupideces sin remedio posible que hacen los humanos, por amor. Por aquel entonces yo era conocido como Durgoth Shein, Maestre de la orden del Filo Sangriento. Tenía una vida cómoda y sin problemas, pero mi amada cayó enferma de un extraño mal. Una enfermedad de la que ningún medico podía sanar. Un sacerdote me juró que si encontraba la santa reliquia del Grial y la hacia beber de él, mi amada sanaría al instante. Yo, cegado por mi amor y mi desesperación, le creí. Estuve vagando diez años por caminos, aldeas y ciudades de todo el mundo, derroté criaturas del demonio en nombre de Dios, y finalmente, en la cueva de uno de aquellos ancestrales dragones, cuando estaba apunto de perder toda esperanza y desistir, encontré la reliquia.
Con la estúpida esperanza de que aquello funcionaría y ella sanaría, viajé sin descanso durante seis días y seis eternas noches, cambiando de caballo varias veces cuando el que montaba ya no podía seguir adelante. Cuando llegué a la fortaleza, ella estaba en la cama, a punto de morir. La hice beber del Grial, pero en lugar de curarse murió instantáneamente. Me volví loco, el sacerdote decía que era la voluntad de Dios, que debía ser así, pero yo no escuchaba. Lleno de rabia e impotencia, atravesé al sacerdote con mi espada, llené el cáliz con su sangre y bebí a la vez que juraba renunciar a todos los ideales por los que luché antaño, y no descansar hasta acabar con esta tierra, maldita desde ese momento.


En este punto de la historia el hombre con aspecto de guerrero santo se levantó de la silla lleno de rabia, balanceando el martillo por encima de su cabeza - ¡Blasfemia! El Santo Grial nunca ha sido encontrado y mucho menos profanado de esa manera- Mientras decía esto descargó un potente golpe sobre el Peregrino. Este se limitó a poner el brazo, que paró el golpe como si nada. Se levantó calmadamente, cogiendo el espadón con una mano - Sabía que tendría que matarte tarde o temprano. Tú has elegido que sea temprano- Dicho esto, cortó limpiamente su cabeza, que cayó sin vida al suelo, junto al martillo. El Peregrino limpió la sangre de la espada con la lengua y habló a los presentes antes de que nadie se atreviese a moverse, mientras cogía con la mano libre la cabeza del muerto - ¿Veis de que le ha servido su fe y su coraje? Tenedlo en cuenta antes de intentar nada raro cerca de mí - Después de esto, lanzó la cabeza a un rincón de la taberna, y a continuación también el cuerpo con un fuerte puntapié. Volvió a sentarse y siguió hablando delante de los atónitos hombres.

- Ahora, si nadie tiene nada más que decir, seguiré con mi historia - Todos callaron mientras lo miraban aterrados, así que el Peregrino siguió hablando - Como iba diciendo, juré destruir esta tierra, y en ese momento me transformé en lo que soy ahora mismo, en un ser muerto pero vivo, en un No-Muerto, en lo que vosotros conocéis por vampiro, o más exactamente, en el primero y padre de todos los vampiros. Para cumplir mi juramento he viajado durante siglos por todo el mundo, reclutando los capitanes para mi ejército de entre los mejores guerreros vivos de cada zona. Así pues, debéis saber que de aquí a cuatro días, cuando se produzca el alzamiento, los humanos no solo se enfrentarán a mi ejército, que resurgirá aquí, se enfrentarán a centenares de ejércitos, liderados por vampiros más débiles, que yacen ahora dormidos, que sufren muchas limitaciones, pero que son pese a todo muy poderosos. Ejércitos formados por los muertos en esas tierras durante siglos de guerras. Y aquí, en la fortaleza del Filo Ensangrentado, tal como juraron, los Capitanes resurgirán, los soldados se levantarán de nuevo y la “Muerte Roja”, mi antigua unidad de caballeros, los mejores nunca entrenados en la Orden, cabalgará de nuevo junto a su líder, y ningún ejército o guerrero humano podrá hacer frente a la devastación. Ninguno excepto… - En este punto hizo una pausa, como si recordara algo. Se quitó la capucha y pasó la mano por una cicatriz que recorría su cara de arriba a abajo - ¡Ningún guerrero! – Afirmó furioso – Incluso mis eternos perseguidores, los Ushikaru, los portadores de la Santa Katana, morirán si se atreven a hacerme frente.

Había acabado su historia. Bebió un trago largo de cerveza y observó fijamente a los presentes, como valorando su capacidad y utilidad, como un pastor que observa el ganado para ver que ovejas se llevará - Tú no me sirves para nada – Dijo al posadero mientras le arrancaba la cabeza con una mano. A continuación bebió gran parte de su sangre y dirigió su mirada al resto - Ah…alimento. Vosotros en cambio puede que aún seáis útiles. Escuchadme bien, lo que os ofrezco ahora no es solo la oportunidad de sobrevivir al destino de la humanidad, es la oportunidad de convertiros en vampiros, en guerreros poderosos, inmortales ante las armas y métodos convencionales, y además, hermanos de sangre míos. Tenéis hasta mañana por la mañana para decidir. Os unís a mí o morís a mis manos - Dicho esto bloqueó la puerta de salida con tres o cuatro pesadas mesas y subió a la habitación a descansar un rato. Al día siguiente tenía muchas cosas que hacer…

Todavía no había llegado a la habitación cuando escuchó unos ruidos en el piso inferior. Parecía que estaban moviendo muebles, ¿ya intentaban huir? Qué creían, qué él no los escucharía… ilusos. Bajó con paso calmado las escaleras para ver que pasaba exactamente, aunque se lo imaginaba. Al oír las pesadas botas del Peregrino bajando los escalones de madera, los hombres se prepararon para luchar. La valentía de la desesperación… una valentía bastante estúpida que no los salvaría de la muerte. Los dos que disponían de arcos se cubrieron detrás de la barra, mientras los otros dos se prepararon para hacerle frente a un lado de la misma en cuanto se acercase.
Nada más bajar, dos flechas salieron disparadas hacia él, una al cuello, otra a la altura del estómago. El Peregrino levantó una mesa que había cerca y las dos flechas se clavaron en esta. Después arrancó una de las patas de la mesa y la lanzó contra uno de los arqueros, que cayó muerto cuando esta le atravesó el pecho. Entonces el poderoso vampiro dio un salto por encima de la barra, cogiendo al otro arquero por el cuello y clavándolo en los cuernos de un extraño animal que había colgado en una de las paredes de la taberna. En vista de esto los dos guerreros que quedaban permanecieron inmóviles donde estaban. – Decidme, ¿qué se supone que pretendíais? Os he dado el privilegio de poder estar en el bando ganador y así lo agradecéis – Mientras decía esto, pudo observar como un charco amarillento se formaba a los pies de uno de los luchadores. Que decepción, esperaba poder utilizarlos para algo, pero ellos se lo habían buscado. Mientras hacía esta reflexión, el guerrero que estaba más tranquilo se lanzó contra él con la espada en alto. El vampiro esquivó el golpe y le pegó un rodillazo en la entrepierna, que le comenzó a sangrar debido al impacto de las rodilleras metálicas del Peregrino. – Grave error – Esbozó una cruel sonrisa y le golpeó en la cabeza, matándolo instantáneamente al reventarle el cráneo contra la barra. El otro, que seguía de pie en mitad de la sala, se clavó su propia espada en el estómago, en un intento desesperado de morir rápido y conservando todos sus miembros. Se desplomó al momento, y aunque no estaba muerto, el Peregrino lo dio por cadáver y lo dejó allí.

Una vez que ya se había alimentado debidamente y se había entretenido acabando con la vida de aquellos estúpidos hombres, decidió que la noche era demasiado larga como para dedicarla a descansar. Con esta idea, salió a la calle dejando atrás la húmeda y oscura posada, llena de sangre y con los cadáveres aún tibios. Fuera hacía frío y estaba oscuro, y la ligera llovizna se había vuelto una lluvia fuerte y continua, formando torrentes de agua a los lados de las calles y convirtiendo en barro los caminos de tierra. Aun así, el Peregrino no dudó un momento en salir. La oscuridad no suponía ningún problema, ya que sus ojos le permitían ver perfectamente por muy oscura que fuera la noche; el barro manchaba sus botas, y las nuevas manchas se mezclaban con la sangre de los muertos, formando extraños colores y reflejos en el metal; y la lluvia golpeaba su rostro, que llevaba ahora descubierto. Pero a el le gustaba sentirla en su cara, ya que pese a que no sentía frío ni calor, si sentía la lluvia, y esto le hacia sentir un poco mas vivo, un poco mas próximo a lo que mas odiaba y a la vez envidiaba… los humanos.

Cualquiera que hubiera visto al Peregrino ahora que no llevaba la capa habría sentido terror y fuertes deseos de huir lo mas lejos posible de él… posiblemente si hubiese entrado así a la posada la masacre se habría evitado debido a la huida de los presentes. Lucía una armadura que le cubría todo el cuerpo, desde los pies, embutidos en las botas, hasta el cuello, que estaba protegido por una extensión de las placas del torso. Llevaba también guantaletes y una pesada camisa de mallas cubría las partes que no tapaban las placas metálicas. Solo la cara, pálida, con aquella horrible cicatriz que la cruzaba, con aquellos ojos rojos, destacaba sobre la oscuridad de la armadura. Esta era totalmente negra, aunque emitía extraños reflejos que en ocasiones hacían que pareciese de otro color. Además, por toda la armadura sobresalían gran cantidad de púas afiladas y pequeñas cuchillas, lo que, añadido a la gran envergadura del caballero, creaba un efecto aterrador. Por si aquello no fuese suficiente, motivos diversos como cráneos y estrellas de cinco puntas recubrían la superficie de la armadura. La protección de su montura era igualmente terrible y bastante parecida a la armadura, y el caballo caminaba pesadamente junto al vampiro, emitiendo fuertes sonidos con cada pisada. El extraño grupo estaba cerrado por un par de murciélagos y un lobo, que seguían al caminante sin hacer el menor ruido. El lobo era también negro como la noche, y caminaba observando las casas a ambos lados de la calle y vigilando cualquier movimiento que pudiera ocurrir cerca, con un atisbo de inteligencia en sus ojos, como si realmente supiese bien lo que hacía, mostrando más inteligencia de la que estos animales suelen tener.

Caminó durante toda la noche, atravesando el terrible bosque que rodeaba la desaparecida fortaleza de su orden, su fortaleza. Pero la fortaleza no había desaparecido, solo estaba escondida. Antiguamente, cuando el vivía, se extendía alrededor de la fortaleza una gran extensión de tierra, manchada ocasionalmente con algunos árboles o algunas piedras desiguales; pero en el momento en el que se produjo el juramento, comenzó a crecer un gran bosque alrededor, y en menos de una década los árboles ya sobresalían unos cuantos metros por encima de los torreones mas altos de la fortaleza. Esto, junto a las leyendas, en parte ciertas y en parte inventadas o exageradas, que hablaban acerca de los encantamientos que tenía aquel bosque y afirmaban que cualquiera que tratase de cruzarlo acabaría sus días dentro, provocó que la gente de la zona acabara por olvidar su existencia. No obstante, él sabía que seguía allí, y con su llegada el castillo volvió a hervir de actividad, las torres y las murallas volvieron a llenarse de soldados, los mismos que las vigilaron en vida, resucitados ahora en una No-Vida para servir a su legitimo señor una vez más. La última vez. Del castillo salieron los Capitanes, miembros de más alto rango de su orden y ayudantes del Maestre, a recibir al Peregrino. Reunidos de nuevo después de tantos años, volvieron dentro del castillo, tenían una guerra que preparar… 

Mientras tanto, el sol empezaba a verse desde la torre de vigilancia del pueblo, y si el guardia no hubiese muerto la noche anterior, podría haber visto acercarse a las murallas a un peculiar grupo de personas. Caminaba en el centro del grupo, algo avanzado respecto a los demás, un hombre de apariencia ágil aunque fuerte, que lucía una armadura de samurai y llevaba en el cinto un par de katanas. Sobresalían a su espalda un arco largo y una pequeña cantidad de flechas. Seguidamente, un par de hombres de aspecto japonés, equipados con una armadura también extraña aunque de aspecto más ligero y portando ballestas de exquisita manufactura, aunque también llevaban una katana colgada a la espalda. Cerraba el grupo un anciano que también llevaba armadura de samurai y tenia un aspecto orgulloso, aunque algo cansado por el paso de los años. El anciano empuñaba un bastón de la altura de un hombre, con el extremo superior de acero y envuelto de pinchos.     

Al llegar a la puerta, el que iba por delante alzó la vista hacía la torre – Puedo notar el olor a matanza… debe haber atravesado la ciudad esta misma noche – Dijo con certeza. – El primer muerto estará en esa torre, seguramente el guardia trató de negarle el paso. El resto se encontraran en alguna posada… solo hay que averiguar a cual se dirigió, y eso no será difícil – Puntualizó el anciano. Y no se equivocaba. Nada más entrar al pueblo, pudieron ver gran movimiento de gente en dirección a un local, el acceso al cual estaba restringido por la guardia de la ciudad. El extraño grupo se abrió paso entre la gente hasta llegar ante el guardia, que no parecía dispuesto a dejarlos pasar – Aquí ha habido extraños asesinatos esta noche, buscaros otra posada. Hay una en… - Antes de que acabara la frase lo interrumpió el samurai joven – Escucha, soy Kenshi Ushikaru, el Portador de la Santa Katana. Este asesinato ha sido obra de un vampiro, o más exactamente, EL vampiro, y solo nosotros podemos detenerlo. Por favor, déjanos pasar. – Dicho esto desenvainó unos centímetros una de las katanas mostrando el símbolo gravado en la hoja al guardia. – Pido disculpas… podéis pasar.

Dentro de la posada, el olor era repugnante, y la vista no era mucho mejor. Las moscas habían acudido en masa debido a la acumulación de cadáveres, la mayoría sin sangre en el cuerpo, que ya empezaban a pudrirse. De repente escucharon un ruido, provenía de uno de los cadáveres. Kenshi se acercó a el y puso la mano en su cuello – ¡Este hombre aún vive! Ushio, ven. Si le salvamos la vida tal vez pueda decirnos que ocurrió exactamente. – El anciano se arrodilló junto al hombre, sacó vendas y ungüentos de una bolsa y empezó a aplicarlos en el herido. Cuando pudieron levantarlo lo sacaron a la calle para que recibiera la luz del sol – No le pasa nada, no es un vampiro. Entradlo de nuevo, tenemos que hablar con el.
   
Durante la conversación, a pesar de las heridas, el hombre no tuvo dificultades para explicar el terror de la noche anterior, y como murieron cada uno de sus compañeros. También hizo un breve resumen de la historia narrada por el Peregrino, incluyendo las amenazas sobre el levantamiento de un ejército en pocos días. También les dio una descripción del vampiro. – No hay duda, es él – Afirmó Kenshi – Desgraciadamente, creo saber donde está, y mucho me temo que disponemos de menos tiempo el que creíamos. Necesitamos al menos cien personas, equipadas de la mejor manera posible y con experiencia en combate. También necesitaremos algo con lo que destrozar las puertas de un castillo. Si de aquí tres días la fortaleza no ha caído, no habrá salvación.

Al cabo de dos días todo estaba a punto para partir hacía la fortaleza. Pero ellos no eran los únicos que habían estado preparándose. Durante el primer día, en la fortaleza estuvieron estudiando un plan de ataque a la ciudad para cuando su ejército estuviese completo. No sería difícil, iba a ser tan numeroso que podrían arrasar la ciudad fácilmente. No obstante, su reunión se vio interrumpida por la entrada en la sala de uno de sus exploradores. Estaba allí para informar de la llegada de Kenshi al pueblo, así como de su intención de atacar a la fortaleza. En aquel mismo momento comenzaron a organizar las defensas. Aunque desgraciadamente sus fuerzas aun eran muy limitadas, no se dejarían destruir después de tanto tiempo esperando aquel momento.

Así, las tropas guiadas por Kenshi partieron hacia la fortaleza con sus defensores avisados del ataque. La gran extensión del bosque de hacía solo dos días, era de nuevo un terreno desierto. Avanzaron sin problemas hasta situarse a una distancia de doscientos metros de la fortaleza. No habían podido conseguir ninguna máquina para atacar el castillo, así que decidieron intentar hacer salir al enemigo. Con la desaprobación del comandante de las tropas de la milicia, Kenshi envió al anciano a hablar con el vampiro. A diferencia de lo que todos esperaban, el vampiro salió a las puertas del castillo totalmente desarmado, aunque sí llevaba la armadura.

- Ah... Ushio. Veo que pese a tu edad no has querido perderte el combate que enfrentará a tu discípulo con su destino. Y por tus arrugas, puedo deducir que sigues negando lo que eres, no te has alimentado... Pero, creo que has venido como emisario del ejército... ¿que tienes que decir? – Dijo el vampiro con cierta arrogancia. Como respuesta el anciano sonrió y a continuación hablo con un tono tranquilo y seguro de si mismo – Durgoth... no has cambiado tanto desde nuestro enfrentamiento, y veo que aun conservas la cicatriz de aquel día, igual que yo conservo las mías, y la carga de la inmortalidad. Así que estoy aquí para cumplir con mi deber. Si la batalla acaba con tu muerte, por fin seré libre para morir. Si no, tal como juré hace quinientos años, lucharé junto a ti. – El vampiro sonrió pasándose la mano por la horrible cicatriz de su cara. Nadie escuchaba la conversación y el ejército empezaba a inquietarse, pero nadie quería desobedecer la orden de espera dada por Kenshi. El anciano siguió hablando después de esta breve pausa. – Pero tienes razón, he venido a hablarte como emisario. Se que como yo, aun mantienes el juramento del código de la caballería, aunque abandonaras la fe cristiana. Así, estoy aquí para transmitirte que Kenshi desafía a tu ejército a salir y luchar ante el castillo, ya que no disponemos de armas de asedio. Como caballero, tienes dos horas para salir, ya que tu honor te impide negarte. – Ushio se giró y se encaminó hacia su ejército con paso lento. – Nos veremos después de la batalla – Exclamó Durgoth, después emitió una sonora carcajada y se adentró en el castillo.

Hora y media después, las tropas no-muertas empezaban a desplegarse a los pies de la muralla. Había llegado a hora de la verdad. Finalmente, las tropas de Kenshi estaban formadas por ciento veinte guerreros, reclutados de las milicias de las ciudades próximas, treinta y cinco de los cuales tenían arcos. Se les unieron también, en el último momento, un sacerdote guerrero montado en un imponente caballo de guerra, junto a diez veteranos que formaban su guardia personal, y también un grupo de unos cincuenta campesinos, equipados con armas diversas, en su mayoría herramientas de trabajo. Las tropas desplegadas frente a ellos no eran más numerosas, aunque sí mucho más peligrosas. El peregrino desplegó todos los soldados que tenía, alrededor de treinta, en el lado derecho. Formaban un peculiar grupo, con las armaduras y las espadas corroídas y desgastadas por el tiempo, y las ropas que fueron un día finas telas eran ahora harapos colgados de sus huesos amarillentos. En el centro se situó el, junto a sus cinco capitanes y unos diez caballeros de su famosa unidad, “La Muerte Roja”. Esta era una unidad realmente temible. Todos equipados con pesadas armaduras, con el poderoso vampiro al centro, todos montados en corceles esqueléticos, y el demoníaco caballo de Durgoth en medio de la formación, portando pesadas espadas y hachas de guerra que empuñaban a dos manos y con las que podían partir un hombre en dos con relativa facilidad. El lado izquierdo estaba cubierto por veinte zombis, cadáveres más recientes que aun conservaban parte su carne colgando de sus huesos, totalmente rodeados de moscas y gusanos.

Kenshi, que además de guerrero era un hábil comandante, situó sus arqueros en una colina ante los zombis, ya que formaban un excelente blanco al moverse en masa, bastante juntos. Dispuso a los campesinos junto a los arqueros. Sabía que huirían en cuanto el combate se pusiera feo, pero los zombis tal vez estuvieran bastante diezmados como para ser aguantados por ellos. Delante de los guerreros esqueléticos colocó a la milicia, bajo el mando de su capitán. No confiaba en que vencieran, pero esperaba que le dieran el tiempo suficiente para poder derrotar al vampiro y que el ejército se desmoronara. Él se situó, junto a sus ayudantes y el sacerdote, en el centro, en frente de la caballería enemiga.
La batalla dio comienzo cuando Kenshi ordenó al ejército avanzar. Todas las unidades empezaron a moverse en línea recta hacia el enemigo, pero este no se mantuvo quieto. Los zombis y los esqueletos se movieron hacia el centro del campo de batalla, quedando la caballería tras ellos. – Kenshi, va a ser una carnicería. Va a utilizar el escorpión, y sabes tan bien como yo que ninguno de esos hombres sobrevivirá a una carga de la Muerte Roja. – Dijo Ushio sin dejar de avanzar. – Es un sacrificio necesario, una vez pierdan la fuerza de la carga, podré combatir con el vampiro – Respondió Kenshi resignado.

Tal como Ushio había dicho, poco después de que ambos ejércitos chocaran y comenzaran a sufrir bajas, la unidad de la Muerte Roja utilizó la táctica conocida como escorpión, actuando como la cola, golpeando duramente en mitad del combate y acabando con todo aquel que se atrevía a oponerse al poder de la carga. Fue entonces cuando Kenshi lanzó su carga, mientras los pocos humanos que seguían con vida eran aniquilados por las tropas enemigas debido a la desorganización sufrida por el impacto. El sacerdote cayó rápidamente del caballo y fue partido en dos por un golpe de la espada del Peregrino. También murieron uno por uno todos sus guardias. Al cabo de unos instantes, solo quedaban con vida Kenshi y Ushio, en el centro de un revoltijo de no muertos que les atacaban por todas partes. Kenshi detenía golpes con una katana, mientras que con la “Santa Katana” dirigía golpes que partían en dos a los enemigos. Ushio golpeaba con el bastón, reventando cráneos y partiendo huesos. – Tienes que invocar el poder divino de la Katana, ¡ahora! No aguantaremos  mucho más – Gritó Ushio mientras era tumbado por un tajo vertical del Peregrino, que había bajado ya del caballo. – No debías de haber venido, viejo amigo. Ahora solo quedas tu, Kenshi. ¡Alto! – Todas las tropas no-muertas se detuvieron y retrocedieron, formando un círculo, en el centro del cual se encontraban, frente a frente, Kenshi y Durgoth, junto al cuerpo de Ushio, a los pies del Peregrino. Los dos guerreros comenzaron a luchar con furia, intentando herirse mutuamente. En algún momento del combate, Ushio, que no podía morir y sólo estaba por tanto gravemente herido, salió del círculo y se dirigió al castillo. Allí estaba la razón del Peregrino para luchar y también la única manera de detenerlo, la tumba de su amada y el Santo Grial. Si su amada volvía a vivir, Durgoth perdería sus poderes y podría morir en paz, como también podría hacerlo Ushio al haber muerto su eterno enemigo.

Cuando Ushio estaba a punto de abrir el ataúd, con el Grial preparado, Durgoth irrumpió en la sala lleno de sangre y con diversos cortes en su cuerpo. – No permitiré que profanes el cuerpo de mi amada, Ushio... la quisiste en vida y ella me eligió a mí, además, tu discípulo ha muerto. – Una lágrima resbaló por la cara del anciano cayendo en el Grial, que sostenía en las manos, dispuesto a dar de beber al cadáver del ataúd – Ahora, después de quinientos años, te he de contar la verdad. Yo busqué contigo el Grial, yo también la amaba, pero ella te amaba a ti. Y por eso corrompí el Grial para que cualquiera que bebiera, muriera, pensando que primero lo probarías tu. En cambio se lo diste a beber directamente y fue ella la que murió. Si me lo permites, la haré beber y volverá a vivir... después podrás beber tu, podréis vivir juntos para siempre... yo durante estos años he comprendido que si no me ama, es mi vida la que sobra, y no las vuestras. – Antes de que Durgoth pudiera hacer nada, le dio de beber al cadáver... al momento, una joven de unos veinte años, la joven que ambos recordaban pese a haber pasado tanto tiempo, salió del ataúd. Durgoth dejó caer la espada y corrió hacia ella, se abrazaron mientras él bebía del Grial, pero al ser un vampiro, en lugar de sanarlo, lo hizo morir... aún así, murió con forma humana y feliz, después de tantos años. A la vez, a causa del fin de la maldición, Ushio se deshizo en un polvo grisáceo en el lugar donde estaba. La joven, al ver al hombre al que siempre había amado muerto por ella, levantó con dificultad la pesada espada y acabó con su vida junto a él...

Y de esta manera acabó el legado del vampiro. Al morir el creador, ninguno de los otros vampiros se levantó, ni tampoco los muertos que lucharían a su servicio, y así el mundo pudo seguir tal y como lo conocemos hasta nuestros días...           

Fin
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Azelath Partícula · 220 mensajes
Menos mal que se me ocurrió ayer desactivar el tope de carácteres por post, que si no Tongue. Me suena haberlo leído, y si no, ahora luego lo hago.

Saludos :p
Adrià López Lozano.
Administrador del foro.
Andreu Partícula · 140 mensajes
25 minutos leyendo Cheesy ha valido la pena!

Pobre vampiro, al fin y al cabo es un cuernudo xD
In a world without fronteirs who needs Gates and Windows?

Instantánea más reciente: 05/05/2007 en la Wayback Machine.